Nadia Prado – Jaramagos  (Anticipo-selección)

Nadia Prado – Jaramagos (Anticipo-selección)

Fotografía: Virginia Negri

La poeta chilena Nadia Prado comparte con Fiesta E-diciones un anticipo de Jaramagos, a punto de salir en México, editado por Literal, en su Colección Instante Fecundo, y algunos de cuyos poemas fueron previamente una plaquette, [J], publicada en Chile en 2013 a través de Cuadro de Tiza. En sintonía con la notación referencial reconocible del jaramago, una flor silvestre que crece e invade lugares inhóspitos o cultivables, los poemas de Prado se sostienen en una tensión sintáctica en la que aparecen historias y percepciones que descubren encubriendo una intimidad corporal. Y en esos momentos del libro y de los poemas, como pequeños jaramagos en la tensión inhóspita del lenguaje, también emergen fantasmas con los cuales Prado abona un jardín en medio de tumbas. La primera es Gabriela Mistral, en el soneto donde escribe que:

“Yo elegí entre los otros, soberbios y gloriosos,
este destino, aqueste oficio de ternura,
un poco temerario, acaso tenebroso,
de ser un jaramago sobre su sepultura.

Los hombres pasan, pasan, exprimiendo en la boca
una canción alegre y siempre renovada
que ahora es la lasciva, y mañana la loca,
y más tarde la mística. Yo elegí esta invariada

canción con la que arrullo un muerto que fue ajeno
en toda realidad, y en todo ensueño mío,
que gustó de otra boca, descansó en otro seno,

pero que en esta hora definitiva y larga
sólo es del labio humilde, del jaramago pío
que le hace el dormir dulce sobre la tierra amarga.”

El otro fantasma, con el que el libro se abre, es Osvaldo Lamborghini, para advertirnos que las palabras se convertirán, en lo que sigue, en un corte de la lengua hasta el borde de lo siniestro, donde se hace perceptible el silencio. Y allí tocamos (corporalmente) un blanco mallarmeano corroído por el deseo, que resuena muchas veces en el empalme, azaroso, de un poema estallado, temporal, espacial y anecdóticamente. Justo en ese punto, es donde Nadia Prado hace sonar una voz exasperada y melancólica que se oye en la escritura.

Poemas de Jaramagos

qué vacío de su rostro
un desierto
que de no haber muerto cinco años atrás
jamás volvería
un haiku es un poema pequeño le digo a mi madre
y leo para ella

Fui por la noche a arropar
a mis hijos dormidos,
y oí las olas del mar.

desata su pelo y recuerdo
me encaminó a la paz y a la furia
al muro de sal sin dejar de mirarme
cuando me di cuenta enlazada a su mano
sin miedo ya estaba en el agua
volví la vista a sus ojos
sonrió antes de decir
“es como una página de los libros que te gustan”
salgo del mar
cuarenta años después
y leo para ella

Revolotean
en la mañana azul
las gaviotas, luego, planean.

***

hasta los pertrechos que restan en los ojos saben más
de esos ruidos la ignorancia se felicita por no tener que fingir
no hay un solo rostro
ni la más mínima mueca
dejada de olvido mi madre aún despoja
la naranja sin que la cáscara se corte
estoy en la punta
jirón sobre desechos
de plástico y sopor es el corte de mi aliento
pero me rescata ella cuando
pone el gajo en mi boca
una acidez en el mentón cuando
miro la gota se desplaza al cuello
nunca la estreché con suficiente fuerza
ella y su memoria se separan
lejana su ansia trata
en mi deseo alargar la cáscara hasta hoy
no es suficiente el afán
sus manos muertas
–de las que los ojos no se zafaron–
ya no llegan hasta mí
el río detrás de su mejilla
no comprenden sus ojos
la incomprensión de los míos

***

no se puede volver sobre el sendero
la docilidad de los ojos se ha ido
la tierra despojó los pasos
apenas se sintió un deseo lejano al que nada podía abrir camino
aunque pareciera ignorarme la tierra con sus lámparas enormes
no hay fruto
nunca di fruto pero uno amé
el instinto y las cosas no se bastan
cuando intento volver el tiempo se ha ido

***

lindero entre lápidas la piel
sin ceniza sin polvo el charco
sin agua el polvo
partida en dos
los surcos que mi madre hace en mí al peinarme
en el agua que no atrapa la peineta
veo aún la mano tomando vacío y surcar
allí se alojaba la algarabía hasta un nuevo asomo
los regresos nunca bastan para el que parte ni para el que espera
volver al mismo punto en medio del claro sin señales
en miedo perdí la voz –lo supe–
la aguja en la garganta cuantiosas vocales
antes de tiempo cortada en dos
una mera palabra soy
orlas de letras se mueven en los días
rumbos sin autoridad ni cotidiano
crecen como temblor en el agua y me aplastan
apisonar el camino con mi espalda
vitela es mi palma y allí la imagen de una niña desaparecida
aún la veo jugar
sobre mis hombros le adelanto cielo y aviones
el ruido ha vuelto –no doy con su voz–
¿así esperó mi padre por mí?
y como si fuese un animal no le dirigí palabra alguna

***

una que soy se queda esta vez
esta voz, hermana, se queda aquí
como esas plantas entre los escombros
allí ha crecido y crece una hierba silvestre
me atora y llaga la garganta cuando se mete en la boca
estas cárceles humanas dicen tanto y sordo el miedo desbroza sus ojos
las caderas bailan en la algarabía deforme del festejo
una que soy se queda esta vez