Washington Cucurto

Fantasía Tropical. Nuestra hérua contra el Monstruo de la Magenta

Hace un montonazo de años hubo una bailanta. A mí no me la van a negar porque yo la conocí. Yo iba ahí, de niño, a bailar, a mirar guainas y derrochar el tiempo que me sobraba. ¡A enamorarme fui muchas veces y salí enamoradísimo! ¡De muchas, muchas, tantas que eran inútiles esos amores, pues tenía que dividir mi corazón en cien, en mil, en quinientas mil! Y un corazón no se divide, es para una sola persona… En sueños, una noche, bailando una cumbia con una ticki de las manos, soñé en mandarme a hacer una cama para mí y quinientas mil. Aquella bailanta era un galpón donde se bailaba cumbia paraguaya. Hablo de hace un pedazo de años, tantos que ni el calendario podría registrar, por ahí dijeron que fueron 50 palante contando desde la muerte de Eva Perón, año 52, si no estoy verseando un poco. Les advierto: todo lo que les vaya a contar lo escuché de oído, bebiendo Condorina en un bar de borrachos “Caribe y companía” en la calle Cochabamba y Salta, barrio de Constitución. Me acuerdo que la bailanta tenía dibujos de tucanes y alacranes, caballos, cabras y cataratas pintados en la paredes. ¡La tierra de los paisajes estaba pintada con un rojo flúo, tierra guaraní! Iban ahí las mujeres más hermosas del Paraguay. Nunca vi gente tan hermosa. La bailanta quedaba en una calle perdida, oscura, llena de mayoristas de golosinas y hoteles alojamientos. Cuando las luces del baile se encendían aquella cuadra que ni nombre tenía se transformaba.

Hoy no existen las bailantas. ¿Quién se las llevó y a dónde? Bueno, eso no me lo pregunten a mí, eso no lo sabe ni mi abuelito. Un buen día desaparecieron simplemente, como desaparecen todas las cosas, se hicieron humo y ya, se evaporaron en el aire, tampoco quedan mujeres del Paraguay lindas y sensibles. Se volvieron a sus hogares, y nos quedamos solos, vacíos; sin música. La cumbia tampoco existe más.

En aquel país, dentro de aquella fabulosa bailanta, una noche nació una mitakuñaí de vientre paraguayo. Ágil, pizpireta, de provocadores ojos marrones, calata, pies retacones, piernas chulitas, y churra (tanto como el chorro aquel que me robó el corazón las otras noches). Si había que llorar lloraba. Si tenía que reír, requetereía. Las noches las pasaba en vela escuchando las letras de la cumbia. Su mamucha era adicta a la bailanta. La bailanta quedaba en la calle Lima 150, mirá de lo que me vengo a acordar. ¿Qué como sé tanto? Pos, coñazo, ojazo, ya les dije que toco de oído, yo no sé nada. Sigo y no me interrumpan que se me olvidan las cosas, se me ovilla el hilo podrido de mi memoria.

Fantasía largó la teta al primer mes. Al segundo siguió con el yogurt o jugo de frutas Ades. Al tercer mes agarró la cerveza en la mamadera y no la largó más, ni en el instante último de su vida. De tanta cerveza, la niña creció y creció, a los tres meses parecía de cuatro años. Al cuarto mes daba la impresión de tener seis años.

–¡Fantasía, ya aprendiste a bailar la cumbia! –le gritó su madre fana del baile.
–¡Bravo, mami! –fueron las primeras palabras que soltó al mundo.

Tamañaza cae la noche. Capitana como la Eva. Fuerte, alegre, inspiradora, así y así era nuestra heroína, hija predilecta de la República del Paraguay.

Un viernes Mamucha y Fantasía bailaban de la mano ante miles de chanos observadores. De pronto entre ruidos y repudios; ¡se besan en la boca madre e hija, tal para cual! Después del beso apareció un muchachín quien quedó flechadazo por belleza de madre e hija y no sabía a cuál de las dos darle su corazón. Sonó una cumbia de Gilda y Fantasía comenzó a crecer hasta tener el tamaño de una mujer de 25 años; de una amazona con vincha que te clava su flecha, más bella que Xuxa o la Reina del Carnaval de Río; súper linda, seguía tomando cerveza y echando altura.

¡Ya ni se le quitaban las dudas, a ella la quería! ¡Y cuánto dolor suscitó esta decisión! ¡Una vida echa bollos, directo a la basura; una vida al tacho con su corazón desinflado; cuánto duelen las decisiones en el amor, pobre mamucha!

El galán la alejó de su madre y la invitó a bailar y juntos pasaron la noche entera y las siguientes. No fueron a la cama (Fantasía no estaba en edad todavía). En una de esas buenas noches de cumbia, mamucha salió de la bailanta y se cortó el cuello con una botella de Condorina fría.
Las voces negras de la calle llegaron a los oídos de nuestra heroína cumbiantera que salió de la bailanta por única vez en su vida. Se chocó con las luces del día, los vendedores ambulantes, los micros horribles, destartalados.

–¡Mundo pelotudo! –fue lo único que dijo y se tiró sobre el cadáver de su madre en plena calle.

Los falcon, los peugeot, los fiats, los chevis con la franja blanca como el de Starcky y Hutch, los colectivos, le tocaban bocina.

–¡Mundo pelotudo!, volvió a decir y se agazapó, abrazó el cuerpo de su madre y se desalmó en llanto. Miraron los taxistas, los vendedores de garrapiñadas, los regatones peruleros, kisvuehis cocineros de chipas y chipaguazus, quienes exclamaban para adentro:

–¡Qué destino lleno de tragedia hay en los hijos del Paraguay!

Nuestra heroína se levantó y se volvió a la bailanta de la cual nunca más asomó sus narices al mundo. Tanto que nadie cree que haya existido realmente. Yo si lo creo porque yo la conocí. De ella sí me acuerdo bien. Me olvido de mi madre, de mi mujer, de mi vida, pero de ella no me olvido más…

Arriba dije que Fantasía nunca había salido al mundo, pero ahora es mejor que salga. ¡Perdonen ustedes la falta de palabra! Desde ese día en adelante difícil precisar lo que le sucedió en la vida. Se escapó del baile. Pudo haberse muerto o pisado un auto, ¡todas las cosas que le pueden pasar a una soñadora en la calle! Yo no lo sé, algo me contaron y otras las leía en un diario de la época.

…. ….

¡Fantasía, bienvenida a tu ciudad: Buenos Aires, tu barrio, el Súper Consti Bailable! Esta es la simple y enquilombada realidad del Mundo Real. ¡Fanta, haz algo, por favor! Estruja este cachengue de muerte llamado Vida Moderna en el Siglo XXI! ¡Estrújalo, a ver si se le cae un poco de zuco, una gota de pingüe sangre, nomás! ¡Qué peste es internet y el cable moderno! En otras tristes y enquilombadas palabras esta es la gueca vida moderna!¡Destrúyela o cambíala, ya!
Viajemos a un mundo en donde todos tengamos 17 años y no paremos de bailar y enamorarnos! Gastemos el tiempo en cosas insignificantes, ¡viva la insignificancia, caldo y hueso de todas las cosas del mundo! ¡Ante la madurez del mundo; nuestra inmadurez, Fantasía, impongámosla!

Y así con estas alegres y antidepresivas palabras que sonaban en el corazón de nuestra sensible heroína. ¿Quienes somos nosotros pa meternos en su corazón? Perdón, hermanita, hemos leído las páginas de tu corazón y ahora las transcribimos. ¡Y son nuestra biblia! ¡las leemos cada mañana al despertar!… Nuestra heroína no sabe leer ni escribir. Y en este momento aprende mirando: los autos se mueven. Los semáforos son guardianes de los niños a la salida del colegio. ¡El rojo! representa el peligro. ¡Y cuántas veces qué inofensivo resultó al mezclarse en la bailanta con otros colores! Los autos tienen nombre: forcitos, cupecitas, lancias flojos, taxis, fletes, carcachas, carrindangas, liebres, zorras, kombis, dodges1500, vws. ¡Qué felicidad siento al enumenunciar sin parar! ¡Eso es vida! ¡Guau, el mundo automovilizado! Qué gran virus y sin embargo, qué parecido es a una bailanta: los autos, en la bailanta, son los vasitos de cerveza de mano en mano. El semáforo son las luces de la bailanta. Y bien podrían ser las luces del mundo.

No digás: “Esto me enloquece” porque valdrá el doble, aunque tú eres una bellísima excepción y con sonrisa yuky puedes tenerlo todo.
Los compac en la calle son todos piratas y rayados, su música sonará una vez si tenés suerte; detrás de los vendedores de maní con chocolate se esconden los dilers más temibles de la ciudad. ¡Este es tu barrio, Fantasía, cuidate de él!

Sos mujer y aprenderás rápido las tramoyas por conseguir monedas o billetes de 50 o 100 guaracas. No aceptarás nunca un billete menor de 50, pa ti abrir las piernas, es como bajar una estrella o colorear un arco iris con tus propios pendejos, pa ti abrir las piernas y cerrar los ojos es un viaje súper estelar…

Vos, hermanita heroína que no sos de este mundo, ¡sálvanos!. ¿Cómo hacemos pa salir de él, sin matarnos? ¿Acaso la muerte es la única salida? ¿Y Marte, y Venus, Júpiter, ¡la luna!?

¡Pos, caminando, guey, caminando!, nos dice tu corazón.

No crean que esta presentación apocalíptica menguará las ganas de nuestra heroína, ¡todo lo contrario! Pasa horas deslumbrada mirando la autopista y los autos que vuelan. Pa ella todo es lindo, hasta la cagada de los perros en la calle. Una tarde en un hotel atendiendo a un viejito, pegó un estirón, creció del largo de la cama. El viejito se asustó y salió corriendo. Ella feliz, ya medía dos metros diez. Se convirtió en el yiro más lindo del país. En pleno servicio cerró las piernas de golpe, quebrando la cadera de un cliente. Suena a broma, ¡son las malas lenguas que viven enredadas en los árboles y los balcones del barrio, rojizas, enrolladas como víboras!

Acá su primer acto monetario: Se gastó todo la plata en el edificio del Registro Civil de Extranjeros y regaló documentos en la puerta del Bronco Bailable. Revoltijo mediático, tapa de los diarios, nota de noticiero al mediodía, invitación a programas de entretenimientos. La llamaron “La gigantona del Paraguay”.

Una pandilla de niños de cinco años, vendedores de compacs truchos de Gilda, Gladys, Los Bugis, Los Guardianes del Amor, Meta Gaucha, Flor de Piedra, le sacaron una foto y comenzaron a reproducirla y con una birome le escribieron detrás una oración. ¡La hicieron santa!

“Sta. Fantasía no nos abandones
ni de noche ni de día, danos
a través de tu corazón alegría,
acercanos la música, si no es
mucho pedirte, la cumbia,
y a los grupos bailanteros
que nos hacen dudar del mundo
en que vivimos, Sta. Fantasia…

Gran bolonqui, la iglesia lo prohibió. NO podía haber una Santa de ese mundo de la cumbia y menos una santa viva, bailando y abriendo las piernas por ahí. ¡Viva el ando y el iendo que unen al morir con el viviendo!

Las prostitutas, bailanteras y vendedoras de Constitución, sin importales un pomo nada, se reunían en la plaza y le pedían. “Santa Fantasía, salud para nuestros ovarios”. “Pan para nuestros hijos, aleja de nosotros al sida, a los patrones, a los machistas, a los jugadores de fútbol que nos enamoran, Santa Fantasía”. El eco del rezo se escuchaba en muchos metros y todos los objetos del mundo gobernados por los hombres cesaban su funcionamiento.

….. …..
En otras y tristes palabras les tengo que adelantar que se vienen traiciones, desengaños y corazones rotos. Es la historia de un amor entre Javi y Fantasía. Javier es un obrerito, ojos verdes, tez morena. Trabaja en una obra en Palermo (Figueroa Alcorta y Salguero) construyendo un supermercado Carrefour. ¡Un viernes a la noche fue a bailar a Bronco! Conoció a Fantasía. ¡Se vieron y fue amor! Se agarraron de las manos y hubo ardor.

Como a las cinco de la mañana ocurrió algo divertido en la historia del aburrido Mundo. Ni a Romeo y Julieta les sucedió. Ni menos a Sansón ni Dalila, ni a Eva Duarte ni a Juan Perón, ni a mi padre con mi madre, les pasó. Tampoco sucedió en el mundo animal a la yegua y al caballo, ni en el fondo del mar al delfín enamoradísimo de la estrella marina. Ni a ninguna de mis amigas si las besa Gardel o Luis Miguel. En Bronco, ella y él, se dieron el beso más apasionante de la historia de la humanidad. Dado de todas las formas posibles y de las que todavía faltan por inventar. Fue tan fuerte que no se pudieron despegar, labio a labio, aliento con aliento ¡pestaña tras pestaña! Tanto que dieron brinquiditos tan altos que rompieron el techo de la bailanta y en medio del beso casi llegan a las estrellas. Con los ojos cerrados y sin saberlo viajaron. Sus lágrimas se cristalizaron convirtiéndose en perlas o esmeraldas desbarrancándose sobre el techo de chapas de la bailanta. Hicieron música y ahí se inventó “la cumbia chapita” y muchos comenzaron a bailar al trote de esa música de lágrimas. Se dieron besos que los hacían volar y salieron desbarráncandose por el hueco que Fanta y Javi habían abierto en el techo. Volaban hacia cualquier lado. ¡Noche de besos estelares, lluvia de lágrimas estelares!
Y así, estruendosamente entre charcos de salivas… ¡Vas espiritualis! ¡Rosa Mística y Mísera! ¡Virgencita de Luján, alúmbrame! ¡Tiris ebúrnea! ¡Beso campestre con olor a margaritas, orquesta de duendes ensalivados, llévame ya! ¡Donus Durea! ¡Silvia Andrea, chau! ¡Foedis Arca! ¡Oh, Tía Polly! ¡Naná Burukú! ¡Tom,tom, deja esos dulces! ¡Bufeo Blanco, changó, Omolú, Ochosi, Siroco! ¡Guajiri-mirim!
¡Cometa Halley, suéltame!
¡Sirenita del Súper Samber, libérame!
¡Jarma Coeli!
¡Jarma Coeli!
¡Jarma Coeli!
¡Rajen! ¡Vayansé! Clementinas, Arielinas, Maripilis, Florencias, Rominas, ¡Adiosito! ¡Chichis del demonio dueñas de mi corazón en llamas! ¡Adiós! ¡Y vos, Dalia, qué hacés detrás de ese árbol de guayaba, rojísima de celos! Bay, beibis, cucurtelas… Laicras horribles de las gambas cumbiantiles afuera, guau, guau, soy perro, escuchen como ladro, gato, lobo, liebre, ahorita soy ardilla y ladilla de tu pubis. Soy príncipe del Morro de Santa Teresa. Me transformo, cucaracha, gusano, piojo, virus… Voy soñando, me transporto entre los miles de besos de todos los colores, de todos los modos-mundos.
¡Y ahora dame un beso de Marte!
¡Ya, dame un beso de Júpiter!
¡En este instante, solamente, dame un beso del Planeta de tu ser!

Saltamos mil quinientas mil páginas hacia atrás y estamos en la ciudad de Berazategui. Vemos a un niño morocho, pelo duro, rodillas delgadas, soy yo, me acerco y le doy un beso en la frente, un beso que lo salvará de todo mal. ¡Flash! Cruce Florencio Varela. Mami y papi, debajo de unos árboles dándose su primer beso. ¡Lloro! ¡Flash! Tiro un beso al aire y encuentro a mi hijo Baltazar dando brinquitos con un niño morochito que soy yo. Tiro otro beso al aire y la rubia beldad se acerca y me besa: ¡lloro! Lanzo un beso al aire y ya estoy en otro lado en el espacio sideral entre las vias lácteas y los cometas espaciales que no agotan su luz. ¡Chac! ¡Chac! Hacen en la inmensidad celestial y la bóveda celeste ahora nos alumbra. ¡Hello Marte! ¡Hello Júpiter, bonitiño! ¡Hello Saturno, yo tengo un dedo pa ti! ¡Hello Constelación de las Tres Cabritas! ¡Salgamos todos a mojarnos! ¡Hello, Ganimedes, Orion, Balmaceda! ¡Hello Prístinas Tres Marías! ¡Hello, hola, brigadá, gran universo ante mis ojos mojados llenos de lágrimas! ¡Hello, estoy en el beso sagrado de la Reina de Minas Gerais! No me sueltes nunca, ¡oh gran reina no parés de besarme ni en broma! Mira como giro en tu beso, ¡oh doncella! No me sueltes nunca ni un tantititisíto así, no parés de besarme que voy ingresando adentro de tu boca, no te detengas. Mira qué alto soy y ya me desintegro en tu beso, oh, ya me apago como una estrella, fui, ya soy menos que cada letra que uso para trasmitirte algo, esto, ahora, ya, afhdj…

Después del viaje en beso cayeron Fanta y Javi sobre la copa de los árboles de la Plaza Constitución. Y fueron a un hotel alojamiento donde hicieron el amor por primera vez. Nuestra heroína sangró, sangró hasta que la pieza se llenó de sangre. Cuando despertó a las 12 del mediodía él no estaba…

…. ….

¡Trácate! El amor pintó con flúos y florcitas dibujadas por Fernanda Laguna.
Zas, das, bas, trácate, el amor asoma su cabeza de elefante sin permiso. Cocho-cocho, superpalante.
Fantasía fue a buscar a Javier a la obra pero ya había un shopping con un Carrefour abajo. Entró al salón y la vi. ¡Yo trabajaba de repositor! Y por primera vez vi a la primita, hermanita que cambiaría mi vida para siempre. Vivía muy triste reponiendo las verduras. A veces las verduras me hablaban: “pobrecito que infeliz es este repositor”. Y yo lloraba encima de los tomates y las paltas. ¡Qué gris, era hasta que apareciste vos, Fantasía! Quise reponer la góndola de papas en super imperdible oferta. La gente venía a comprar papas con carretilla. ¡Hambrientos, depredadores! Gente pipicucú, con sus empleadas-delantal-azul-marino. ¡Cuánto asco me daban, me venían retorcijones de panza y me iba volando al baño dos horas!

La gigantona lloraba en la góndola cuando el repositor la encontró. Se armó un escandalete. Vinieron los guardias de seguridad y la encerraron en una jaula, quince pisos arriba en la torre donde vive el gerente del super. Los repos se las ingenieron para subir las escaleras de los 15 pisos y llevarle comida a su jaula. Yogures, medialunas, supremas de pollo etc, mercadería que sacaban de las secciones de productos frescos. Estos repositores son Soruco, Chorizo, Patito y Frascareli. Su proceder era muy osado, pues la jaula de la heroína estaba al lado de la cama del supergerente. Un gordo de 200 kilos roncantes toda la noche. A la una de la mañana, entre trapisondas, mientras le dejaban un pollo al espiedo con ensaladas de champignon, el gerente se despertó:
–¡Identifíquese el que anda por ahí!
Los repositores temblaron aferrados a los barrotes de la cárcel. Corrieron debajo de la cama. ¡Tan flaquitos y cabezones!
-¿Quien anda ahí? Identifíquese ya mismo.
Y nada. Y de nuevo el gordo, ahora parado sobre la cama, en cueros:
–¡Notifíquense ya, bostas!
–Somos nosotros -tiritando del miedo- los repositores de la verdulería, jefe.
Los negritos muertos de miedo salieron de abajo de la cama y repitieron cada uno como quince números rapidísimo que no se entendieron nada. El gordo los agarró con una mano y de una patada los sacó volando por la ventana.(¡Fotosky katu, click, clik!, les sacó San Pedro un retrato. ¡Epa, güey que todía no aterrizamos!). ¡234777777!, gritaban los negritos en el aire… Nuestra hérua cumbiantera no lo soportó y creció creció hasta romper los barrotes de la jaula y las tejas de la torre del Carrefour Argentina. Los negritos iban en el aire en ese instante, y antes de que cayerán al asfalto la manota de Fantasía los agarró envolviéndolos y los apoyó con mucho cuidado en el piso. Ocurrió algo increíble (lo que demuestra quepal capitalismo nada es imposible), el supergerente comenzó a crecer y crecer hasta ser el doble de Fantasía y de un patadón que nos dolió a todos la envió al fondo del Río de la Plata. Una estrella de mar le tatuó la cara del Che en el hombro. Una pulpa la besó. Pasó la luna campechana y Fantasía:

–¡Su bendición, mamucha!

Peleando se engancharon en este diálogo de negociación:

-Rendíte, Fantasía, y te pongo de promotora de ventas.

Fantasía avergonzada de la sinvergüenzería del gerente le gritó mordiéndole una oreja:

–¡Yo, promotora de ventas! ¡Andá a hinchar por San Lorenzo! (lo mismo que decir: andá a vender limones).

Ahora inyectándole una dosis de motivación empresarial volvió a la carga:

–Rendíte, Fantasía. El 12% de las acciones per capita son para vos.

–¡Ingueroviable! (¡Increíble!)… Cáncer de la especie humana, gusano del vil metal, piojo biónico-.

E indignada le gritó mordiéndole la otra oreja:

-¡Por Dios!… Sos una larva, una rata inmunda, asquerosa, espantosa… pobre de tu madre por haberte parido.

La pelea pareja. El agua cristalina, los sábalos se quejaban. Dos millones de uruguayos se apostrofaban en el puerto de montevideo. Los negritos repositores corrieron hacia las ruinas del Carre y encontraron a salvo un minicomponente supermegaguait más potente que una central atómica y lo encendieron en la FM Tropical a todísimo volumen. Fanta creció y creció, la cumbia la energizaba. Y de un certero y tranquilizador patadón en el orpi lo mandó a Paris con supermercado y todo.

Así, desnudita y húmeda, con sus partes pudendas al sol de octubre del bajo de Salguero, mas kuera y mitakuñaí que nunca (parecía Isabel Sarli en la Burrerita de Ypacaraí). Daba pasos que sacudían todo. Una chetita adolescente, de ojos celestes, (de la cual nos enamoramos fuerte e hicimos cualquier cosa para conquistarla, ya hablaremos de eso), la filmó con la cámara de su celular Unifón. Sonrió a la perrada (nosotros) pa tener una fotito-opíko. Llegó a la plaza donde estábamos nosotros. Iba cambiando de tamaño y se abrazó al cuello de un muñeco comiendo una hamburguesa (una obra plástica de un artista tucumano expuesta en la puerta de un Museo de por ahí). Cayeron al piso durmiendo los dos. Hérua Fanta le pegó un mordiscón a la hamburguesa de yeso, antes de entregarse al sueño.

Volvió a Constitución con el corazón roto y se largó a hacer el zipizape, jugueteó eternamente en la noche de Constitución hasta que se encontró una fogata donde se calentaban dos Pirañitas. ¡Ha’úta!

-Acercáte, Fanta, le dijeron.
-Gracias, chicos. ¿En qué andan?
-Acá, matando el tompie. ¿Dura la calle, Fan?
-Durísima, no me pintó ni un cliente.
-Estamos a fin de esme.
-Cansada de andar culipandeando con hermosura y jacarandosura. ¡Simpática superespecial!

Toda coloroteándose, Fanta agradeció el piropo.

-Fanta, vos estás para otra cosa… Formemos una banda de cumbia fantásica y juntemos la mosca con la pala.
-Vos escribite unas letras, ahorita, al tuntunazo y dejános a nosotros que armamos el escenario y todo el cachimbolo necesario.

Fantasía voló en sueños (nadie mejor para eso) y se imaginó una superestrella de la cumbia fantástica. ¡Cachaca, pollo, arroz y globos! Imaginó a la gente llenando las bailantas yendo a escucharla. Imaginó la tapa de sus discos que se hacían agua en las disquerías Prometeo. Soñó a gran escala, ella en bikini revoleando un paraguas en la tapa del disco. Y zás, bajó rápido:

–Pero y qué hacemos con los monstruos de la Magenta, se empriscó.
–Dejá que de esos pichis nos encargamos nosotros.

Antes de que la enormidad de la noche los llenara de sombras y el frío se pusiera como un fantasma de la inflación monetaria, alguien dijo:

–Armemos todo para mañana, escenario, recital, espectáculo en vivo.

Pintaron los árboles de la Plaza Constitución y con botellas, latas de gaseosas, cartones, maderas, armaron un escenario cachimbolesco y se construyeron unos trajes con cartón pintado de cajas de Condorina. Fantasía escribió las letras y subió al escenario. Las luces del cielo de las 3633 estrellas que estaban esa noche se prendieron e iluminaron todo. Miles de colores sobre el escenario. Fanta se rompió su traje de cartón quedándose en pantaloncitos de cartón. Sus piernas increíbles, sus gomas de acero. Comenzó a cantar y la cumbia se hizo. Y así nació la cumbia fantástica.
Los Pirañitas tocaron con instrumentos fabricados con descartes de basuras. La gente salía de los supermercados e iba a la plaza, los bares, las paradas de los micros, las bailantas se vaciaban e iban detrás del nuevo y sensacional ritmo.

Eso llegó a oídos del Monstruo de la Magenta: el gordito Soroschi Pild. Dueño del ambiente cumbiantero. E inmediatamente mandó a sus matones para que tiraran un poco de tiros. Pumba. Los tiros bajaron un par de cocos y nada más.

Como todo en este país. Nada cambia. Noche otoñal en Constitución. Un hotelucho de mala muerte se llena de autos negros y kombis con vidrios polarizados. Se despliega en el piso una alfombra rosa fucsia. Sale el gordito de Soroschi Pild, dueño de las bailantas.

Fantasía estaba en una pieza del hotel abriendo las piernas. Toc, toc, fuerte, en la puerta de la zapie.
Fantasía tira al cliente por la ventana y se levanta:

–¡Poraitepé, limbó porá che! (¿Quién toca, hinchacocos?)
–Soroschi Pild. Salí ahora.

La heroína agarró dos billetes de 50 del bolsillo del pantalón del cliente y lo arrojó por la ventana del hotel. El cliente yacía apachurrado en el asfalto de la calle.
–Este pantalón volando es mi triunfo, gil. ¡No sos mi papá pa venir a darme órdenes!
–Me importa un pepino, un pomo o un rábano.
–Matecopio guaré. (Esperá que me empilche, maleducado).
–Dale tilinguita, no te pasés de pícara que tengo el telo rodeado.

La heroína de esta enquilombada historia miró hacia abajo por la ventana. En la vereda, estaba Soroschi con una turba de matones y al lado un gordito con una copa de champagne en la mano (¡10gol!).

–¿Poraitepé nadjecó brinckiñitos? (No pedí un radio taxi), dijo.
–Dale chistosa. Te vengo a decir algo bien clarito. El que manda en el mundo de la cumbia y las bailantas soy yo. Si querés cantar tenés que trabajar para mí.

Fantasía entendió las intenciones de Soroschi. Miró por la ventana hacia abajo. Querían sacarle su única libertad: cantar. No lo iba a permitir ni muerta. Pegó un salto por la ventana y cayó en un balconcito lleno de bombachas y corpiños… La obligaron a cantar todas las noches en su bailanta. Cantaba encadenada y después la encerraban en una jaula. A Soroschi le importaba un pomo la cumbia, lo que le interaban eran esos papelitos cuadriculados y bien diseñados a los cuales llaman dinerillo, mosca, money, plata, guita, torta, teca, morlacos, diegos, veryverys, etc.

Una noche la vimos actuar en la bailanta, Soruco, Chorizo, Patito, Frascareli y quien les habla. Nos metimos en los pasillos de la bailanta que era una prisión recopada llena de música, sexyalcohol. Vimos a nuestros ídolos cumbianteros encerrados en una jaula cada uno: Ricky, Meta guacha, Amar Azul, Flor de Piedra, Damas Gratis, Aventura, Media Luna, etc. Abrimos las jaulas y los grupos salieron rajando. La última es la de Fantasía que, al vernos, nos dijo:

–¡Hola negritos del Carre! ¿No lo vieron a Javier? (Se acordó de su amor y se largó a llorar).

Lloramos al verla.

–Venimos a liberarte.

Sonrió y nos dijo:

–¡Son un pan de Dios!

Detrás de nosotros aparecieron los Pirañitas con armas gruesas:

–¡No se atrevan a soltarla!

Y nuestra herúa:

–¡Sueltenmé!

Y detrás de los pirañitas llegó 10gol!, Soroschi y el monstruo de la Magenta que había resultado ser un pulpo con mil tentáculos y colmillos:

–¡Suelten las armas y levanten las manos!

Y así, uno detrás de otro levantaron las manos.
Nosotros no sabíamos qué hacer. Estábamos muertos de miedo porque las contraórdenes nos hacían recordar al Carrefour.
¡Suelten! ¡No suelten! ¡Suban! ¡Bajen! ¡No, no, mejor bajen! ¡Suéltenme ya! ¡Ni se atrevan a soltarla!… Tal chaparrón de órdenes nos tincó la cabeza y ya no respondíamos ni por nuestra alma.

Los repositores flaquitos y cabezones temblando del miedo abrieron la celda. Fantasía quedó libre, creció y creció. Los pirañitas viendo la que se venía se borraron olímpicamente. 10gol! se dió media vuelta silbando bajito con las manos en los bolsillos. Los barrotes de la celda volaron para todos lados como palitos salados. El techo se rompió y Fantasía ya miraba a todos desde arriba. El monstruo de la magenta parecía una arañita que pisó al instante.

–Ponele 100 lucas a la Virgen de Caacupé y pedí un deseo, le gritó Soroschi al monstruo.

Soroschi corrió hacia el altarcito en la entrada de la bailanta y puso 100 lucas y le pidió:

–Virgencita virgencita, haceme tan fuerte como ella. ¡Y la Virgen lo agrandó!, agradecida.

La Virgen de la Sagrada Constitución caminó y enseguidita le crecieron sus piernas. ¡Lindas gambas! ¡Juyjuy!, gritó la negrada encaramada a los árboles pa verla desfilar. Se chingueó y revoleó las ropas como tabletas de chocolate. Fanta y Javi se quedaron petrihinchados de las bolas. La religiosa caminaba hacia nosotros con sus muchos misaleros y rosarios adentro. El cura abrió el ventanal y recibió un chupón de lengua de la virgen.

–¡Ay, qué asco, –gritó–homosexual!

–Culo de gay –le dijo ella. Y continuó revoleando su atuendo medieval.

…Quedó en bragas y en bombacha…
Mas cuando se bajó la chabomba, todos los manos quedaron espantados. Pos la Virgen, tiene flor de tripa de cabeza de palo entre las piernas.

–¡Es hombre! –gritaron los manos.

Y ella altiva, divina, superputa, se dio vuelta y nos mostró el culo y se abrió el agujero por donde salían millones de litros de semen de colores seguidos a los mordiscones por un ejército de diablitos y menencitos en miniatura.

Siguió con su paso cordero encaminada directo al Bronco Bailable, donde un centenar de negritos sudaban la gota gorda. Vi que le crecía un tremendo falo. Aceleró el paso y saltó encima de las chapas del techo de la bailanta. ¡Qué sanguíneo es ese cartel multicolor y cumbiantero! Y se la empezó a embambinar. Las chapas en la bailanta crujían. Yo crujo con ellas y relinchando de placer abriendo sus puertas y soltando las cumbias en su interior. ¡Miren esto, putos!, nos gritó la virgen con pija, agitando su superpalo. Lo sacudió y soltó tanto semen que dejó las nubes llenas de leche. Agotada se acucliyó en el techo sobre la bailanta y despidió a sus amigos del interior, o sacó a pasear al topo; es decir, se largó a cagar sus diablitos y menencitos que se comían como ternitas, el barrio, la bailanta, y a ella misma. Me queda el recuerdo de esa ticapiba. Nada más. Porque los menencitos tenían tanto hambre que no nos dejaron ni una hoja de alpiste.

Fin